Saint-Guilhem-le-Désert es uno de los pueblos más bellos de Francia. Su inscripción en la lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO, junto con el Puente del Diablo, demuestra su gran interés. Este valle, donde Guilhem se retiró en el 806 después de fundar el monasterio de Gellone, era un verdadero desierto que sólo los pastores neolíticos habían visitado. Un entorno de piedra con vertiginosos acantilados donde se aferran tomillos, robles y pinos, este paisaje de piedra y cielo es encantador. En su corazón está anidada la legendaria ciudad de Saint-Guilhem, que aparece entonces como un verdadero oasis. A lo largo del arroyo Verdus, se ha extendido sus antiguas calles bajo el sol de Languedoc durante doce siglos. Sus casas entrelazadas, cubiertas de azulejos que han sido patinados por el sol y el peso de los años, no son todas singulares, pero todavía llevan las huellas de su pasado: arcadas, dinteles, ventanas dobles... Desarrollado alrededor de la abadía de Gellone, el pueblo, que ha conservado su identidad medieval, forma un conjunto armonioso.

Los lugares imprescindibles Saint-Guilhem-Le-Désert

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