Bahrein significa literalmente "los dos mares": el mar salado del Golfo Arábigo y el mar dulce que brota a lo largo de las costas de este archipiélago. Estas aguas salobres crean las condiciones perfectas para la pesca de perlas, que han asegurado la riqueza y la prosperidad de Bahrein a lo largo de la historia. Esto ha sido así desde los primeros comienzos de la humanidad, como lo prueba la leyenda de Gilgamesh. Después de un largo viaje, el legendario rey de Sumeria llegó a Bahrein, que entonces se llamaba Dilmún. Estaba buscando la "flor de la inmortalidad". El dios Enki, deidad tutelar de los habitantes de Dilmún, le dijo a Gilgamesh que esta flor, que lo hace a uno inmortal, estaba en el fondo del mar; el rey se zambulló y encontró en una ostra una flor de perfecto brillo. Gilgamesh lo tomó y regresó a la orilla. Exhausto por su largo viaje, se durmió con la flor a su lado. Aprovechando su sueño, una serpiente se lo tragó y Gilgamesh no pudo vencer a la muerte. De esta leyenda, Bahrein ha conservado muchos rastros. Las más famosas, por supuesto, son las perlas. La flor de la inmortalidad debe haber sido una de esas nácares, que a lo largo de la antigüedad fue sinónimo de larga vida. Aún hoy en día, los restos de la industria de las perlas pueden verse en Muharraq, la capital histórica del país, gracias a la "Ruta de las Perlas", testigo privilegiado de las actividades y la economía de las perlas, clasificada como patrimonio cultural de la UNESCO. Y muchos sitios arqueológicos son también un recordatorio de la importancia de la civilización Dilmun.

Hoy en día, el archipiélago ha cambiado mucho. Con el descubrimiento de petróleo, los bahreiníes han recurrido a una modernización cada vez mayor de su tierra. Las costas se han ampliado con terraplenes artificiales y los rascacielos dominan el horizonte. Pero a diferencia de otros países de la región, Bahrein ha logrado mantener intactas su cultura y su autenticidad. Los habitantes son accesibles y demuestran que el sentido de la hospitalidad árabe no es una palabra vacía. Los encontrarás en el zoco, en los taxis, en las paradas de autobús... Viajar a Bahrein es una verdadera experiencia de una cultura multi-milenaria y acogedora. El país ya se está preparando para la era post-petrolera, y por lo tanto está recurriendo a la industria del turismo. Las infraestructuras se están multiplicando y el patrimonio histórico y cultural se está renovando, como el sitio de Qal'At Al Bahrain, declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Los distritos de la capital, Manama, se han transformado completamente en los últimos años, como el bloque 338 en Adliya, el "St. Germain-des-prés" de Bahrein, donde las galerías de arte se codean con los restaurantes de moda. Viajar a Bahrein es la garantía de descubrir un auténtico país que ha conservado sus tradiciones y cultura en el lujoso marco de los países del Golfo.

Queridos lectores, ¡buen viaje!

Agradecimientos: Shaikh Khaled Bin Humood Al Khalifa Director General de la Autoridad de Turismo y Exposiciones de Bahrein, Sr. Yousef Alkhan, Dr. Elie Flouty, Ahmed Sultan, Christophe Radvinsky, Eric Boss, Sr. Zarkadas, Salman, Bouchra Etlouri, Hubert Barbier de Chalais, Aude Robin-Mitrevski, Omar Almekhlafi, Jimmy Dsouza, Dominique Philippe Chastres.

Los lugares imprescindibles Baréin

Organice su viaje Baréin

Transporte
    Alojamiento
    • Encontrar un hotel
    • Alquiler Airbnb
    • Alquiler de vacaciones
    Estancias
    • Viajes a medida
    Servicios / Presencial
    • Actividades de Airbnb
    • Reserva una mesa
    • Actividades y visitas

    Fotos Baréin

    Actualmente no hay fotos para este destino.

    Opinión