Las ineludibles de La Habana

Como dicen los Habanos: "Cuba es La Habana, y lo demás es paisaje. "(Cuba es La Habana, el resto es paisaje).... Fundada en 1519 en la costa noroeste de Cuba, la ciudad vieja de La Habana ha permanecido fiel a su rico pasado arquitectónico. Off-beat y orgulloso, cruzando sus estrechas calles donde suntuosos palacios y edificios en ruinas parecen perros de barro, es un poco como caminar a través del tiempo, todo ello puntuado por encuentros con viejas máquinas americanas de los amorosos años 50 y coches japoneses más recientes. Pero casi tendemos a olvidar que como en cualquier capital con 2 millones de habitantes, las bicicletas, los cocotaxis y los monopatines tienen dificultades para encontrar su camino a través de este desbordante desorden urbano

Dé un paseo por La Habana Vieja y experimente su patrimonio único clasificado por la UNESCO. América Latina envidia sus iglesias barrocas, palacios, plazas y edificios Art Decó, decoro a este perpetuo hormigueo donde no será raro encontrar un fumador habanero, un puro en la boca.... Pero nadie sale de La Habana sin oler el mar que lo bordea a lo largo del Malecón, que se extiende a lo largo de sus kilómetros frente al Estrecho de la Florida y se viste de colores sublimados por los últimos rayos del sol. Y cuando el sol se pone, la fiesta latina se despierta hasta el final de la noche

Es una de las plazas más bellas de la ciudad, sobre todo por su pavimentación, ordenada de tal manera que forma una cruz en el centro. El conjunto colonial mejor conservado de América Latina, tiene el mérito de estar hecho a escala humana, ofreciendo momentos maravillosos de vida con sus músicos actuando no lejos de la catedral. Una placa recuerda la visita del Papa Juan Pablo II a La Habana en enero de 1998. La catedral, por su parte, ocupa todo el lado de la calle Empedrado entre San Ignacio y Mercaderes

Conocida como la Catedral de la Virgen María de la Inmaculada Concepción, ahora es conocida como la Catedral de San Cristóbal de La Habana, aunque para los cubanos es simplemente la Catedral. Una joya arquitectónica barroca del siglo XVIII, con sus 35 m de fachada de piedra roída por el tiempo, ha sido fuente de inspiración para muchos palacios habaneros. Una ligera asimetría en las torres laterales no debe pasarse por alto, la más estrecha a la izquierda permite que el callejón a lo largo de ella no desaparezca. En el interior, un cambio de paisaje, con un toque neoclásico tras las modificaciones ordenadas en 1814 por el obispo Espada. De esta época datan también los óleos realizados por el francés Jean-Baptiste Vermay. El altar central y el tabernáculo estaban decorados con tallas de madera y adornos de oro del italiano Bianchini. Una maravilla pura!

El antiguo palacio presidencial alberga ahora el Museo de la Revolución. Construido entre 1912 y 1919 por arquitectos belgas y cubanos, servirá como residencia presidencial de 21 jefes de Estado hasta la revolución de 1959. Construida íntegramente en piedra blanca en cuatro plantas, la sobria elegancia del exterior contrasta con el lujo del interior, donde abundan el mármol, las columnas y los amplios salones, entre los que destacan el Salón de los Espejos, réplica de la famosa galería de Versalles, y el Salón Dorado, todo ello en mármol amarillo. Fidel Castro nunca residió allí, sin duda queriendo destacarse de todos los presidentes que lo precedieron y en 1974 se convirtió en el museo de la historia reciente de Cuba.

Con la ayuda de documentos, fotos, objetos, mapas, maquetas, etc., el museo ofrece una visión completa y cronológica de la historia de la lucha cubana por la independencia en tres niveles. Desde las rebeliones aborígenes contra los conquistadores hasta las guerras de independencia del siglo XIX contra la esclavitud del poder colonial español, pasando por la fascinante historia del movimiento obrero en las décadas de 1920 y 1930 y el surgimiento del proceso revolucionario, todo está ahí. A continuación, salga del museo para descubrir el Granma Memorial, donde se exhibe el yate con el mismo nombre en el que Fidel Castro y 81 combatientes, entre ellos el Che, salieron de México para combatir la última guerra revolucionaria.

Esta joya neoclásica y monumental no te recuerda nada? El Capitolio Nacional, construido entre 1926 y 1929 en el terreno de la primera estación de tren de La Habana, es un intento de copiar la de Washington. Incluso tiene el lujo de ser un poco más grande que su homónimo y después de haber sido la sede de la Cámara de Representantes y del Senado antes de la revolución, ahora alberga las oficinas del Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente, así como una biblioteca científica. Todo es grande y espectacular en este conjunto arquitectónico, desde la escalera de granito (39,5 metros de ancho por 27 metros de largo) que conduce a una escalera monumental, donde se entronizan dos esculturas de bronce (de unos 7 metros de alto y 11 toneladas de peso), hasta su cúpula (inspirada en la del Panteón de París), de 91,73 metros de altura....

Detrás de las poderosas columnas, las tres puertas de la entrada principal, también de bronce, presentan bajorrelieves que ilustran episodios de la historia de Cuba: cuatro alegorías, desde la etapa precolombina hasta la inauguración del Capitolio. Pero este tamaño gigantesco también se está extendiendo dentro de sus paredes con una de las estatuas más grandes del mundo, de 14 metros de altura y 30 toneladas de peso, en interiores. El interior también merece una visita para los amantes de Versalles y su eclecticismo, especialmente el Salón de los Pasos Perdidos....

El Palacio de los Capitanes Generales alberga el actual museo de la ciudad. Construido entre 1776 y 1791, el palacio se convirtió durante más de cien años en la residencia oficial de los capitanes generales nombrados por el Rey de España, en representación de la primera autoridad civil y militar de la isla. Luego los prisioneros fueron desalojados, y las celdas, convertidas en talleres, fueron alquiladas a artesanos. Posteriormente, el palacio fue diseñado para albergar a los gobiernos bajo influencia americana a principios del siglo XX, para que actuara como palacio presidencial y luego permitiera que las reuniones de la alcaldía de La Habana se celebraran allí hasta 1967. En esa fecha, el Museo de la Ciudad abrió sus puertas para dar testimonio de su patrimonio colonial, el barroco español.

La fachada que da a la plaza tiene nueve arcos sostenidos por diez columnas, coronados por el escudo de España. Las molduras, cornisas y otros elementos decorativos fueron utilizados por muchos arquitectos de la época para otros palacios habaneros. Para los curiosos que quieran entender por qué los adoquines de la calle Tacón son de madera.... Cuenta la leyenda que un capitán general que no podía cerrar los ojos a causa de los trinquetes de las ruedas de los carruajes en la piedra, vio a uno de sus ayudantes de campo, ¡reemplazarlos, todo para ser bien visto!

La Habana no sería lo que es sin su famoso Malecón, un paseo bituminoso que separa la ciudad del mar durante casi 7 kilómetros. Durante el día, usted se encontrará con los pescadores junto a los niños que se lanzan a las olas desde la huelga, mientras que su memorable puesta de sol hará que se levante lo más festivo de usted, en busca del pulmón de la ciudad donde late el corazón de la vida cubana! Siéntate con tu botella de ron y las reuniones vendrán a ti.... Un verdadero soplo de aire fresco!

Pero el Malecón es sobre todo una franja de tierra que bordea los distritos de La Habana de oeste a este, de los más ricos a los más populares. Es a lo largo de esta avenida que usted encontrará muchos monumentos míticos desde Castillo San Salvador hasta La Chorrera, pasando por Castillo del Morro y su famoso faro. Sin mencionar algunos de los hoteles más prestigiosos de La Habana como el Hotel Nacional, Melia Cohiba y Riviera. En invierno, durante los días de fuertes lluvias, las olas chocan contra la pared del Malecón con un fuerte ruido y los cubanos que practican la santería (religión caribeña) lo ven como un signo de malos augurios, siendo la tormenta el resultado de la ira de uno de sus dioses.

Verdadero museo al aire libre, el Cementerio de Cristóbal Colón es conocido por su valor arquitectónico, artístico e histórico. Bastante gracioso, este cementerio no se remonta a la época de Cristóbal Colón, y el navegante, presunto descubridor de América, nunca fue enterrado allí. A partir de 1872, el cementerio fue reservado casi exclusivamente a las élites intelectuales, políticas y económicas: desde el Marqués de Bellavista, conde de Peñalver y la familia Falla-Bonnet (vinculada a la familia real española) hasta los generales de las guerras de independencia, mártires de la revolución que murieron antes de la victoria de 1959, pasando por los ocho estudiantes de medicina fusilados por los españoles en 1871, por no hablar de Cirilo Villaverde (autor de Cecilia Valdés, la primera novela cubana), Doña Leonor Pérez (madre de José Martí, héroe nacional de Cuba) y el gran escritor cubano Alejo Carpentier.

Destaca la riqueza monumental de la puerta de entrada de inspiración románica, con tumbas tan variadas como las diversas influencias cubanas: racionalistas, neogóticas, eclécticas; greco-romanas, templos neoclásicos; castillos medievales, palacios en miniatura; art decó, criptas renacentistas.... ¡e incluso una pirámide! Un placer para los ojos, a pesar de la ubicación.....

Es impensable salir de Cuba sin haber vibrado al ritmo de su vida nocturna para vivir la más bella noche feliz. Unas cuantas cubas gratis con amigos cubanos, y mañana será otro día, como nos gusta decir aquí. Más bien reservadas para los hispanohablantes, aunque el idioma de la música sea universal, las peñas ñas ñ son probablemente la forma más auténtica de expresión de la cultura cubana. Si te gusta el ambiente acogedor de las veladas con los amigos donde te reúnes para dar rienda suelta a tu creatividad cantando a coro con un acompañamiento musical: piano, caja de madera o botella golpeada con una cuchara.... ¡Así que hazlo! Por supuesto, es imposible no mencionar el bar El Floridita, donde tuvo lugar una sucesión de artistas en las décadas de 1930 y 1940. En la primera fila, Ernest Hemingway, que pasaba las tardes allí, bebiendo tranquilamente el daiquiri en casa. Una estatua rinde homenaje al escritor. Floridita, con su pasado, atrae inevitablemente a un gran número de turistas, porque es un lugar imperdible en La Habana.

Pero si quiere un ambiente en la encrucijada entre el carnaval de Río y el Moulin Rouge, no dude en empujar la puerta de uno de los cabarets legendarios de la capital, ya sea el Tropicana y su compañía de 200 bailarines que actúan al aire libre o el Cabaret Parisien, mucho más asequible pero no menos espectacular

¿Quién no ha tenido la necesidad de fumarse un puro cubano en la nuca? Cuando se trata de tabaco, Cuba no tiene rival en el mundo. El país vive al ritmo de la producción y cosecha de sus agricultores, visitas guiadas en una fábrica, rodillo para puros (torcedor) y su tabla de madera al comerciante coleccionista de anillos y vistas (dibujos que decoran las cajas). Todo a precios de oro.....

Fundada en 1845 por un inmigrante español en La Habana, Partagás es una de las fábricas habaneras más antiguas de la capital, donde la producción nunca ha sido interrumpida. Esta puede ser una de las visitas obligatorias de La Habana, ya que tendrá la oportunidad de observar a los torcedores en acción. Y descubrirá en particular por qué las novelas de éxito se han convertido en nombres de marcas de puros famosas como Montecristo o Romeo y Julieta. Las anécdotas no son lo que falta, el revolucionario cubano de origen argentino, Ernesto Che Guevara forzado por sus médicos a fumar un solo cigarro al día se habría beneficiado incluso de la complicidad de la fábrica, creando especialmente para él un inusual cigarro de 75 cm de largo!

¿Quién dijo que al venir a La Habana por unos días, estábamos renunciando a cualquier posibilidad de disfrutar de la belleza de su costa? A menos de 20 kilómetros de la gran ciudad se encuentra la primera de una serie de siete Playas del Este que se extienden a lo largo de unos quince kilómetros. Sol brillante, agua caliente y transparente, arena blanca y fina, pinos y cocoteros, todos ellos motivos que empujan a los habaneros a acudir en tropel durante los fines de semana o los días festivos. El Bacuranao más cercano está a 20 minutos, el Trópico más lejano está a una hora en coche. Entremedio: Megano, Santa María del Mar (la más larga y popular), Boca Ciega, Guanabo y Jibacoa. Excelentes grupos musicales hacen sus apariciones a media tarde, extendiendo su tiempo por un momento en una atmósfera de paraíso en la tierra. Pero tenga cuidado de no dejarse llevar por su entusiasmo y confunda las bolsitas azules que encontrará en la playa con medusas llenas de ácido que podrían estropear sus vacaciones

A media hora en taxi o autobús, no le llevará más tiempo llegar desde La Habana a las playas del Parque Central. Un descanso más que delicioso....

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