Imagina un pequeño rincón del paraíso donde el fragante maquis coquetea con las aguas turquesas. Imagina una isla donde los habitantes tienen la sincera bienvenida de la población rural...

La isla de Elba, el bello exilio finalmente desconocido para los franceses, responde a pesar de nuestros sueños del Mediterráneo. Esta "pequeña Córcega Italiana", rica en colores y perfumes, emerge de las profundidades para formar una preciosa y auténtica perla del archipiélago toscano.

Al alcance del transbordador, el Elba es un jardín sobre el mar, una isla cálida e imperial, donde siempre se descubre un punto de vista diferente debido a su forma recortada y a la omnipresencia del mar. Sus 147 km de costas atraen a un gran pez que mira a Córcega. Una "roca" teñida de azul celeste y de colores brillantes como el amarillo de la retama, el rojo de las amapolas en primavera o el marrón de los castañares que se mezcla con el ocre del otoño. Un entorno de naturaleza protegida que abarca un rico patrimonio histórico que, a lo largo de los siglos, ha impregnado y alimentado una tierra antigua.

Aún hoy, la isla de Elba sigue cabalgando sobre la contagiosa e imparable ola del Bicentenario Napoleónico, cuyo "primer viaje" comenzó el 3 de mayo de 1814 y duró hasta el 26 de febrero de 1815. Napoleón vibra en el aire y en las aguas de la isla que, gracias al emperador francés, se modernizó, estimuló y sobre todo se unió por primera vez en su historia.

Bienvenidos a Elba, la isla humeante y chispeante, como la llamaron los griegos y los romanos. Hoy en día, brillando con la naturaleza, la historia y la cultura mediterránea.

Muriel Parent

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