Población: 180.766 habitantes.

Altitud: 2.746 m.

Capital del departamento de Ayacucho, esta ciudad, una de las más acogedoras del Perú con su clima templado (17,5 °C de promedio), ha sido casi prohibida para los visitantes desde los años 80 porque fue la cuna de Sendero Luminoso, un grupo terrorista que sembraba el terror. Hoy en día, el peligro se ha evitado a priori y las compañías aéreas y terrestres han restablecido la conexión. Ayacucho, ex-Huamanga, tiene más de treinta iglesias que la convierten en un punto de encuentro para todos los fieles del país, durante la Semana Santa. El folclore sigue ocupando un lugar importante, especialmente para el carnaval que es muy popular aquí entre mediados de febrero y mediados de marzo. Su Plaza de Armas rodeada de bóvedas y columnas de piedra tiene mucho encanto. Un pequeño Cusco que muy pocos se arriesgarían a conocer.

Ayacucho es el crisol del Imperio Wari-tiwanaku, el más poderoso, entre 900 y 1200, antes del advenimiento de los Incas. La importancia de esta cultura largamente descuidada en el antiguo Perú es mejor conocida hoy en día. Reinó en toda la región sur andina y la costa sur. Cuando desapareció misteriosamente, Pokras, Chancas, Huancas, pueblos que formaban el imperio, se federaron para atacar a Cusco. Cuando el Imperio Inca se consolidó, estos mismos pueblos resistieron durante medio siglo antes de ceder, en 1438, a Pachacútec que construyó Ayacucho, "el rincón de los muertos" en quechua. Los españoles supieron aliarse con los chancas para derrotar a los incas. Después de derrotar a Almagro, Pizarro levantó una ciudad que recibió el nombre de San Juan de la Victoria. El 9 de diciembre de 1824, tuvo lugar la famosa Batalla de Ayacucho en las pampas de Quinua, que enfrentó a 9.000 soldados del último virrey José Laserna contra 5.750 combatientes independentistas de Simón Bolívar y José de San Martín, dirigidos por el general Antonio José de Sucre. Esta mítica y decisiva batalla por la independencia del país duró en realidad sólo dos horas: tiempo suficiente para que la tierra se empapara de la sangre de 1.800 soldados reales (sólo 310 muertos y 609 heridos para el ejército de Sucre). El virrey y su personal son tomados prisioneros. Y San Juan recuperó su nombre quechua.

Ignorada por el gobierno central durante el período republicano, Ayacucho decayó, experimentando una pobreza atroz, y Abimael Guzmán, profesor de filosofía, cultivó una revuelta que llevó a la creación de Sendero Luminoso en 1980. El balance de estos conflictos armados es trágico en la región: más de 10.000 campesinos asesinados, 3.000 desaparecidos, 50.000 huérfanos y 170.000 desplazados (visite el Museo de la Memoria). Después de más de veinte años de violencia, la calma parece haber vuelto, permitiendo a muchas familias que habían huido recuperar, poco a poco, su tierra y a Ayacucho recuperar su tradición de hospitalidad. Auténtico y conmovedor, Ayacucho es un encuentro diferente.

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