¿Hacer turismo en Afganistán? A tu alrededor, la idea puede sorprender, incluso molestar. Este país, sin embargo, ha sido durante mucho tiempo la materia de los sueños. Situado en la Ruta de la Seda, en las fronteras de Asia Central, atrajo a comerciantes, escritores, aventureros, por no hablar de los hippies que gustaban de detenerse allí antes de llegar a Katmandú. Pero treinta años de conflicto desde finales de los años 70 han puesto en tela de juicio la imagen del país en el imaginario colectivo.

Sin embargo, sería una lástima reducir el Afganistán a la guerra, los bombardeos, el opio o las mujeres que llevan el burka. Aunque muchos monumentos y sitios arqueológicos han sido destruidos por los combates, el país no ha perdido nada de su majestad. A mediados de 2012, tomando importantes precauciones, todavía era posible averiguarlo.

La sorpresa llega en cuanto se llega al aeropuerto internacional de Kabul: las majestuosas montañas rodean la capital como un joyero. No se irán de tu lado durante toda la estancia. Kabul no es muy hermoso, pero tiene un alma, una atmósfera limpia que te transporta tan pronto como pones un pie fuera. Es una capital de paradojas donde los arados se codean con los flamantes Toyota Corolla en las carreteras asfaltadas, donde los campos de refugiados coexisten con las llamativas villas del distrito de Sherpoor. Kabul no puede ser visitada: la ciudad te atrapa.

Cada ciudad tiene su propia identidad. Mazar el moderno, al norte, Jalalabad y su aroma a flores de naranjo al este y luego Herat el magnífico, al oeste, cuyos sitios históricos son todavía los mejor conservados. De ciudad en ciudad, uno se queda encantado con el ocre de las casas, con el sabor de un palao degustado en un pequeño tchaikhana, con el mosaico de grupos étnicos y culturas que se cruzan durante la estancia.

Es difícil explicar con precisión qué es lo que hace que la gente esté tan apegada a este país, pero es, con raras excepciones, siempre un enamoramiento. Tal vez, simplemente, porque lo que descubrimos en el acto está en completo contraste con la idea que nos formamos al leer los periódicos. Tal vez por la siempre cálida bienvenida que recibirá de los afganos que conocerá. Con una taza de té, le contarán con orgullo la historia de este país que, desde Gengis Khan a los soviéticos, siempre ha sido capaz de repeler al invasor. Seguramente le confiarán sus dudas sobre el futuro de su país tras la retirada de las tropas de la OTAN en 2014. Este país que merece tanto vivir -por fin- en paz y dejarse descubrir plenamente...

Marie Normand

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